Panosetti y los gestos de cemento

En 1960, las tapias de Washington y Moscú se cimbraban como ciudades agazapadas ante un Sputnik que sobrevolaba un planeta de polos divididos y Guerra Fría. Ese mismo año, en una Argentina que olía el polvo del recién capturado Adolf Eichmann, la megalópolis del Gran Buenos Aires vio nacer en el barrio de Ciudadela a un tal Omar Panosetti. 

 

El muchacho creció jugando al futbol en “una fábrica casi abandonada que hoy es un seminario de monjas”. Ahí las chimeneas gorjeaban con aliento pausado la voz que cubría la ruta de una ciudad cuyos habitantes salían temprano a trabajar como “hormigas que abandonan el hormiguero”. Hoy, Omar Panosetti es un artista que a través de su obra ha tejido un compendio de nudos de acero y concreto que desnudan a la ciudad como metáfora de lo monstruoso y humano que deambula en su esqueleto. 

 

Con la exposición de enero en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires, Panosetti reafirmó en Territorios su visión de la urbe y las calles. La colección de dibujos en papel, tela y grafito sobre pared, se pasea en contundentes alegorías alrededor de lo urbano. Las piezas se nutren con la relación que hay entre el dibujante, su niñez y su ciudad. 

 

Art Room Talent
Matadero
Tinta, acrílico y esmalte sintético s/ foam board
2,40 x 2,40 m
2011

 

 

Discípulo de Luis Felipe Noé y aficionado del jazz y el futbol, Omar Panosetti es un creador de alto voltaje que supo codificar el concepto de ciudad. Ya sea con un trazo salido del cómic o con una configuración gráfica que arroja sobrecogedoras reflexiones, los dibujos son capaces de percibir a la ciudad como monstruo maquinal, como atmósfera que regentean vigilantes incólumes o como esa fortaleza donde yace el Estado titiritero de la masa. 

 

Art Room Talent
Conflictivo
Tinta, acrílico y esmalte sintético s/ foam board
1,20 x 2,40
2011

 

En la obra de Panosetti, los gestos de sus edificaciones antropomórficas se componen de puertas y ventanas. Se contraen en expresiones de ladrillo y fierro. En ese ictus urbano se forja el careto mutante de una metrópolis. El uso de las palabras al revés al que recurre el artista es un gesto que ataca como síntoma, quizá, de que la obra se mira desde atrás. Hace pensar que tal vez existe un lado B de la ciudad que no todas las hormigas-habitantes tienen permiso de ver. 

 

Art Room Talent

 

El concreto y su emancipación ingenieril se funde y se intrinca con la melena de humo que las chimeneas industriosas escupen. La ciudad de Panosetti tiene el atrevimiento de chocar con las articulaciones de la naturaleza, y ésta, colérica, levanta monstruos de roca montañosa que, ocultos, pervierten a los edificios y los hacen vomitar muecas. También sucede a la inversa: por las cuencas del rostro del hombre se abalanzan trozos de edificio y fragmentos de cemento que se emiten por la boca, en vez de palabras. 

 

Art Room Talent

 

La viñeta del artista también contiene colinas remotas donde el escarpado ha parido pedazos de cemento que lucen como clínicas siquiátricas extraídas de la Ciudad Gótica de Batman o de la Metrópolis de Fritz Lang. A lo mejor ahí habitan las hormigas de la infancia de Omar Panosetti, que ingieren Valium para soportar a esa bestia de ladrillo que vigila su tránsito.

 

Art Room Talent
Terma
Tinta s/ papel
1,50 x 2,10
2006

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Más información
http://www.mondopano.com.ar

 

 

 

José Del Bosque
jose@artroomtalent.com 

 

 
 

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